“Novia bucólica”

Desde un sitio privilegiado, frente a la desembocadura de la ría del Nervión, se erige imponente el Palacio de Oriol. Construido en 1902, en la época dorada de Vizcaya, es tan bonito como un sueño que se vuelve realidad, aunque a veces parezca que sigue siendo un sueño.  Allí se encuentra Carla, en un palacio encantado donde los sueños se funden con la realidad, y el tiempo parece que se estira como una goma invisible que no tiene fin.

Su amor, Daniel, se hizo a la mar hace ya unos meses y aún no ha vuelto, sin noticias de él, no hay día que no mire desde las terrazas y ventanas del palacio, para ver sí el barco llega con su carga más preciada.

Carla vive su fantasía, en ese mundo de ensueño con olor a mar que arrastra el viento del Cantábrico, pensando cómo sería su día perfecto, el día en que su amor regrese, para poder cumplir esa promesa que la hizo de casarse a su vuelta, justo antes de su nueva partida.

Recuerda los momentos del pasado que no dejan de ser nostalgia, añoranza y el recuerdo, que no la dejan vivir tranquilamente el presente, porque estalla de ganas de convertir en realidad sus pensamientos. Gritaría desde la balconada central tan fuerte, que el sonido cruzaría los mares para que él la pudiera oír.

Dentro de su particular soledad, se reconforta pensando en el futuro junto a su amado Daniel,  porque para ella el futuro es ilusión, es proyecto y esperanza. Pero eso también es un sueño, y mientras no llegue, se entretiene mirando el jardín desde su habitación del palacio.

Carla se imagina como sería su comida nupcial. Sería algo sencillo para dos en una simple mesa en el mismo jardín, porque  no tendría oídos ni ojos para el resto de los invitados. Unos platos,  unas copas, unos vasos, los cubiertos dorados de su familia, y un centro de mesa. No necesita más.

Se imagina una mesa colgante, ingrávida como las puntas del tejado de su palacio, y su maravilloso vestido mecido por el viento, recién sacado de un viejo baúl de su familia, tan viejo o más que el mismo palacio.

O también como sería su tarta nupcial y unos duces en esa mesa alejada del suelo, flotando como lo hace ella, como un alma que se sostiene en el aire y que se desplaza sin tocar el suelo.

En su mundo onírico, ella se ve dentro de ese precioso vestido de novia,  de tul de plumeti bordado, con la bella corona y el ramo de flores andando por su palacio de ensueño, deambulando por las habitaciones y por las escaleras, esperando a su querido Daniel.

Lo que ella no sabe, es que mientras sueña y pasea con su vestido por el Palacio de Oriol, los vientos fríos del norte han traído de nuevo  a su amor al puerto. Qué cosas tiene el destino, después de tanto esperar y soñar, aquí está su nuevo presente.

Organización y diseño: La Flecha de Cupido
Localización: Hotel URH Palacio de Oriol
Fotografía: Alberto Bermúdez, Mediolimon Studio
Maquillaje y peluquería: Pi 360 grados
Caligrafía: Caligrafía Bilbao
Bakery: Lula’s Bakery
Vestido: Immaclé
Diseño de mobiliario: La Flecha de Cupido
Atrezo y fabricación de mobiliario: El Punto y la I
Floristería: Bella Eugenia
Modelo: Nadia Jara

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